Maricarmen tuvo en vida dos lujos que un joven español nunca tendrá: una pensión generosa y 70 años de un alquiler regalado en el centro de Madrid gracias a una ley de Franco. Terminó desahuciada por una ley socialista en la segunda legislatura del Gobierno de Pedro Sánchez, la de la vivienda, y rechazando las alternativas que le ofrecía la Comunidad de Madrid. Pero la izquierda ha encontrado en ella una mártir de los fondos buitre y una musa a la que dedicar poemas cursis de Rafael Alberti.
La película que algunos se han montado con su caso emocionaría a Steven Spielberg. Pero la película nos deparaba un interesante giro de guion este viernes: ella ha echado la culpa a Pedro Sánchez, achacándole que no hace nada por impedir los desahucios, y Urbagestión, la compañía propietaria del piso, ha trasladado al Ayuntamiento de Madrid una propuesta de urgencia para que la mujer de 87 años vuelva al piso. Fin de la película.
Ahora ya podemos ir a lo importante: ¿A qué se debe la atención que ha atraído el caso Maricarmen? ¿Estamos ante una operación psicológica para desviar el foco de atención de Ceuta, Zapatero y Begoña? ¿Para canalizar el descontento por la carestía de vivienda a los fondos buitre, y no a la falta de construcción, por ejemplo? ¿Un caso fabricado para justificar un nuevo decreto contra los desahucios? ¿Está la izquierda calentando las calles para 2027? O quizá todo lo anterior. Bienvenidos a Objetivo directo.
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