David vuelve a tener a Saúl dormido a su merced, y esta vez no hay cueva ni remordimiento por un manto. Entra al campamento enemigo por decisión propia, frena a su sobrino que ya tenía la lanza lista, y sale con las pruebas de que pudo matar al rey y no lo hizo. El episodio, titulado No toques al ungido, otra vez, compara las dos escenas casi simétricas para mostrar cuánto creció David entre una y otra. La gracia practicada una y otra vez forma un carácter que ya no titubea, y que además aprende a frenar a otros. También deja una lección incómoda, perdonar no siempre es volver a abrir la puerta. Vale la pena oírlo para examinar qué victorias pasadas te están haciendo confiado. Producción de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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