Cuando sentís que sos apenas una frágil telaraña de preguntas, recibís las preguntas de los otros para que las sostengas en el hueco entre las manos juntas, los huevos de algún pájaro cantor que todavía son capaces de romper el cascarón si les das calorcito, mariposas que se abren y se cierran en el cuenco de las manos, confiando en que no vas a dañar su pelaje centelleante, su polvo. Recibís las preguntas de los otros como si fueran las respuestas a todo aquello que te preguntabas. A lo mejor el don sea tu respuesta. Rss Apple Podcaster →