Imagina que eres un bloque de ochenta plantas de hormigón plantado en mitad del asfalto. La gente pasea, mira tu fachada de cristal y juzga tu conducta observable, pero no tienen ni idea de que tu servidor central de domótica está colapsando por procesar gigabytes de datos inútiles mientras tú solo intentas decidir qué marca de leche comprar.
En este episodio nos calzamos las botas de seguridad y el casco de obra para demoler los cimientos del Tema 1 de Introducción a la Psicología de la UNED. Mandamos al carajo la "psicología del sentido común" de los vecinos cotillas y nos metemos en los planos del edificio aplicando el método hipotético-deductivo.
Recorreremos las constructoras teóricas que se han peleado históricamente por entender tu cabeza:
Los limpiacristales conductistas (Watson y Skinner) que se cuelgan del andamio y solo miran tu fachada ignorando tu cableado interno.
Los jefes de sistemas cognitivos (Neisser) metidos en la sala de servidores.
Los electricistas del enfoque biológico (Lashley, Kandel, Sperry y Damásio) midiendo el voltaje de tu ansiedad con un polímetro.
Además de los poceros del inconsciente de Freud, los decoradores humanistas y los arqueólogos de la evolución.
Para quienes operan con un cerebro de Altas Capacidades (AACC), habitar este rascacielos es agotador. El mundo te juzga con un enfoque puramente conductista, tachándote de vago o de tener mal carácter, cuando en realidad tu procesador está gestionando un ataque de pánico porque el tono de un mensaje de voz ha oscilado 123 milisegundos. Tu alarma de incendios biológica está calibrada para detectar tigres prehistóricos y salta por culpa de un tubo fluorescente en la oficina.
Tu contrato de alquiler biológico tiene fecha de demolición programada. Memento mori.
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