Esta semana John está en Londres y Charlie en Los Ángeles, California, una vuelta a sus respectivas raíces pero a la vez una oportunidad para reflexionar sobre lo efímero y superficial que es el concepto de pertenencia a una bandera, o a una geografía o a una etnia. Una mirada a casi cualquiera de los equipos que participan en el Mundial de fútbol nos recuerda lo genéticamente variopintos que somos los seres humanos. Las selecciones que Charlie sigue, Francia y Estados Unidos, delatan a primera vista que estamos hablando de que cada país es la suma de muchos países más, de muchas razas y culturas. Argentina, el equipo que John quiere que gane la copa del mundo, tiene un jugador en el once titular llamado Mac Allister; una de las estrellas de Inglaterra, el equipo que John siempre quiere que pierda, se llama Bukayo Saka.
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