El placer de viajar
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Montañas increíbles, naturaleza y pueblos deliciosos en un pedacito de Austria que también estuvo unido a España

Dela

En este episodio El Placer de Viajar descubre dos destinos excepcionales: el Tirol austriaco y la isla menos conocida de Canarias.

En una nueva edición de El Placer de Viajar, el espacio de viajes de Libertad Digital y esRadio, los anfitriones Carmelo Jordá y Kelu Robles proponen un recorrido por los espectaculares paisajes alpinos del Tirol austríaco, para desplazarse después junto a David Alonso hasta las aguas canarias y explorar la singular y protegida isla de Lobos.

El viaje comienza recordando los lazos históricos que unen a España con la región de Tirol, territorio que pasó a manos de la dinastía de los Habsburgo en 1369 y que formó parte de la vasta herencia centroeuropea que asumió el emperador Carlos I de España tras recibir el legado de su abuelo Maximiliano I.

Desde el punto de vista geográfico, el territorio tirolés impresiona por una orografía imponente, en la que cimas que alcanzan entre 2.700 y casi 4.000 metros de altitud se alzan casi en vertical desde fondos de valle situados apenas a 500 metros sobre el nivel del mar. Esta monumentalidad resulta sumamente accesible gracias a una completa red de carreteras y a infraestructuras como el teleférico de Glungezer, que asciende hasta los 2.677 metros y regala vistas sobrecogedoras del mar de nubes y los valles alpinos.

La naturaleza de la zona destaca igualmente en parajes como el Parque Natural de Karwendel, repleto de masas boscosas mixtas y singulares ejemplares de pino cembra, cuya madera y piñas desprenden un característico aroma tradicional. En este entorno se ubica Walderalm, una pequeña aldea y explotación ganadera alpina con arquitectura de madera autóctona, establos tradicionales y una panorámica privilegiada hacia circos glaciares de gran belleza.

En el apartado monumental, la localidad de Hall in Tirol sobresale como una de las paradas obligadas del viaje. Con un casco histórico minuciosamente conservado, sus fachadas exhiben unas curiosas grapas metálicas estructurales instaladas tras un remoto terremoto. Además, la población tuvo un papel crucial en la economía europea al albergar una histórica ceca de acuñación donde nació el táler, moneda de plata de referencia cuyo nombre derivaría con el tiempo en la palabra dólar.

El patrimonio arquitectónico de Hall in Tirol se completa con la iglesia de los Jesuitas, el convento del Sagrado Corazón y la iglesia parroquial de San Nicolás, un templo de estética barroca que presenta la particularidad de tener su cabecera ligeramente desviada respecto al eje de la nave. Asimismo, la villa conmemora su pasado vinculado a la extracción de sal mediante un museo subterráneo que recrea la antigua mina activa hasta 1967.

Tras destacar las visitas a localidades vecinas como Absam –célebre por su basílica mariana de peregrinación– o Mils, el programa repasa la gastronomía tirolesa. Esta cocina de montaña, energética y sustentada en albóndigas tradicionales y sopas, convive con propuestas de alta cocina internacional como la del restaurante Schwarzer Adler, distinguido con dos estrellas Michelin por su refinada combinación de producto cinegético local con técnicas francesas y matices asiáticos.La isla más desconocida de Canarias

La segunda parte del programa viaja hasta el archipiélago canario para descubrir el islote de Lobos, situado en el estrecho de la Bocaina, entre Fuerteventura y Lanzarote. David Alonso explica que este enclave de origen volcánico debe su nombre a las antiguas colonias de focas monje –conocidas popularmente como lobos marinos– que poblaban sus costas en el pasado.

Declarada parque natural y reserva de la biosfera, la isla de Lobos cuenta con una superficie protegida de apenas 4,5 kilómetros cuadrados. Por este motivo, el acceso se encuentra regulado mediante cupos diarios que requieren obtener una autorización previa por internet antes de embarcar en las lanchas o ferris que parten desde la localidad de Corralejo.

La visita a este paraje virgen permite disfrutar de las aguas cristalinas de El Puertito, descansar en la playa de La Concha y recorrer el sendero circular de 14 kilómetros que conduce hasta el faro de Martiño. Los visitantes más activos pueden acometer la subida a la montaña de La Caldera, cumbre del islote que, pese a sus modestos 127 metros de altura, ofrece una panorámica extraordinaria de las dunas majoreras y de la costa de Lanzarote.

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