De la bella Vetusta a la capital de los Países Bajos, dos ciudades llenas de joyas sobre las que El Placer de Viajar ofrece una mirada distinta.
En una nueva entrega de El placer de viajar, el espacio de viajes de esRadio y Libertad Digital conducido por Carmelo Jordá y Kelu Robles, nos trasladan a dos enclaves con personalidad propia: la monumental ciudad de Oviedo y la vibrante capital holandesa, Ámsterdam, antes de finalizar con una selecta recomendación hotelera en Costa Rica.
El recorrido comienza en Asturias de la mano de Kelu Robles, quien propone descubrir la capital del Principado a pie gracias a su trazado cómodo y compacto. La ruta arranca en la zona comercial de la calle Uría, testigo del desarrollo burgués del siglo XIX con imponentes edificios señoriales. Al avanzar hacia la plaza de la Escandalera y el entorno del paseo de los Álamos, llaman la atención hitos del arte contemporáneo como la controvertida escultura Culis Monumentalibus de Eduardo Úrculo —inspirada en textos de Camilo José Cela— o La Maternidad de Fernando Botero.
El paseo continúa hacia el célebre Teatro Campoamor, escenario de la entrega anual de los Premios Princesa de Asturias, antes de adentrarse en el casco antiguo. Allí destaca la catedral de San Salvador, de traza mayoritariamente gótica, que alberga la histórica Cámara Santa. Este espacio prerrománico custodia reliquias de gran valor como el Santo Sudario. Junto a las puertas del templo aguarda la escultura en bronce que rinde homenaje a la protagonista de La Regenta, la inmortal novela de Leopoldo Alas Clarín ambientada en la reconocible Vetusta.
En el corazón ovetense sobresale igualmente la Foncalada, singular fuente de uso civil levantada en el siglo IX bajo el reinado de Alfonso III, que ha sobrevivido intacta más de un milenio. Tras admirar su estructura, resulta imprescindible acudir al ambiente festivo de la calle Gascona, conocida como el bulevar de la sidra, donde locales tradicionales ofrecen escanciados reglamentarios y especialidades autóctonas como la fabada, los tortos con picadillo o el cachopo, para luego desembocar en la pintoresca plaza y mercado del Fontán.
Para completar la estampa asturiana, es obligada la subida al cercano monte Naranco, donde se alzan dos joyas cumbre del prerrománico declaradas Patrimonio de la Humanidad: Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo. Estas edificaciones conjugan austeridad material, esbeltez y elegancia arquitectónica, reflejando el poder del primitivo Reino de Asturias y complementándose con la iglesia urbana de San Julián de los Prados.Ámsterdam con un toque judío
Por su parte, Carmelo Jordá toma el testigo para desgranar los encantos de Ámsterdam, una urbe marcada por sus canales, sus estrechas fachadas mercantiles inclinadas y una constante animación callejera. Entre advertencias prácticas sobre el intenso tráfico ciclista —con frenos a contrapedal y raíles de tranvía traicioneros—, el repaso abarca la céntrica plaza Dam, auténtico foro social de la ciudad donde confluyen reivindicaciones y paseantes a cualquier hora.
La singularidad urbanística de la capital holandesa responde al trazado de su anillo de canales, una gigantesca obra pública de ingeniería comercial planificada en el siglo XVII para agilizar el transporte de mercancías. Este paisaje fluvial se disfruta a bordo de embarcaciones turísticas y conecta de forma privilegiada con templos culturales de la talla del Rijksmuseum —hogar de obras maestras como La ronda de noche de Rembrandt— y el concurrido Museo Van Gogh.
El itinerario también aborda la memoria histórica de la comunidad judía perseguida durante la Segunda Guerra Mundial. Destaca la reciente inauguración del Monumento Nacional a los Nombres del Holocausto, obra de Daniel Libeskind conformada por muros de ladrillo que recuerdan a más de 100.000 víctimas, la conmovedora visita a la Casa de Ana Frank y el teatro Hollandsche Schouwburg, empleado por los invasores nazis como punto de deportación.
El capítulo neerlandés concluye con la visita a la majestuosa Sinagoga Portuguesa, construida en el siglo XVII por la próspera comunidad sefardí huida de la península ibérica, un templo de amplios ventanales y bóvedas de madera donde todavía oficia el rabino mayor con su característico sombrero de copa.
El broche de oro del programa lo pone una estancia de descanso en Hotel Cala Luna, un exclusivo complejo boutique situado en Tamarindo (Costa Rica). Inmerso en plena selva y a pasos de playa Langosta, el alojamiento combina diseño sostenible, presencia de fauna silvestre, cuidados programas de bienestar y una gastronomía de alta escuela encabezada por un chef local formado en Madrid.