El desprecio no siempre grita… a veces solo levanta una ceja, pone los ojos en blanco o deja de admirar. Y aunque parece pequeño, puede destruir lo que el amor tardó años en construir.
Hoy descubrimos que el problema de Mical no fue que David bailara. Fue que dejó de valorar al hombre que tenía delante. La crítica corrige una acción; el desprecio descalifica a una persona.
Si hay alguien a quien amas, no permitas que la costumbre te robe la admiración. Las palabras pueden herir, pero el desprecio seca el corazón.
Dios nos llama a reemplazar el menosprecio por honra, porque donde se honra, las relaciones florecen; donde se desprecia, nada nuevo puede crecer.
Escucha este episodio y comparte este mensaje con alguien que necesite sanar sus relaciones.
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