El lenguaje médico delata nuestros sesgos de género, por ejemplo, cuando una socializada mujer tiene dificultades para vivenciar el orgasmo, los diagnósticos hablan de "preorgasmia"; sin embargo, cuando le pasa a un socializado varón, se lo etiqueta como "eyaculación retardada". ¿Por qué esta diferencia? Porque vivimos en una cultura coitocéntrica donde, mientras el pene logre una erección y pueda penetrar, la sociedad considera que el hombre ya ha cumplido con su "deber". El placer genuino del varón, paradójicamente, queda relegado a un segundo plano frente a la exigencia de su rendimiento mecánico. Durante años se instaló la idea de que cuanto más tarda un socializado varón en eyacular, mejor es. Sin embargo, detrás de relaciones sexuales que se prolongan puede haber frustración, ansiedad, dolor físico y una dificultad sexual de la que se habla muy poco: la eyaculación retardada o tardía.
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