En Números 22 aprendemos que Dios también puede hablarnos a través de los obstáculos. No siempre una puerta cerrada significa que debemos insistir hasta abrirla. A veces, el obstáculo es precisamente el «no» de Dios. Aceptar Su voluntad requiere confiar, incluso cuando no entendemos Sus razones. Nuestros planes no siempre coinciden con los planes que Dios tiene para nosotros. La madurez espiritual también implica saber cuándo avanzar y cuándo detenernos. Porque muchas veces, lo que vemos como un obstáculo, Dios lo está usando para protegernos.

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