Dios aborrece el pecado porque destruye y nos aleja de Él.
Pero su amor por nosotros nunca deja de buscarnos.
Por eso, nos invita al arrepentimiento: a volver nuestro corazón hacia Él.
La cruz nos revela la gravedad del pecado y, al mismo tiempo, la grandeza de su amor.
En Cristo encontramos perdón, gracia y una nueva oportunidad.
Por eso, entre el odio al pecado y el amor por nosotros, la cruz se vuelve tan relevante.
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