¿Cuando fui consciente de que me gustaba tanto el humor absurdo? Pues no sabría bien decir, pero lo que sí puedo decir y con la cabeza bien alta es que cuando descubrí la película que de la que nos hemos juntado a hablar hoy me quede prendido total y absolutamente de él. Un Pablo adolescente no podía asimilar la cantidad de locuras y genialidades que aparecían en pantalla por segundo. ¿Por qué un señor que tenía una fábrica de obleas e intentaba tener un hijo con su mujer adoptaba dos marcianos enanos, calvos y caraduras? ¿Por qué un ñapas se dedicaba a hacer una obra digna de la Sagrada Familia mientras usa inventos de la marca Mikasa? ¿Por qué un señor con sobrepeso y que anda con una botella de butano en el hombro acaba como el hijo negro adoptado de esta familia mientras intenta viajar en el tiempo para darle un beso a su mamá?

En ese momento no podía creer lo que estaba viendo, pero a la vez no podía dejar de apartar la mirada. El nivel y el tipo de humor que desprendía esta cinta estaba a otro nivel de lo que yo recordase haber visto antes, pero claro, todo tomo sentido y empecé a entender algo más de que mente “enferma” había salido esta obra. Los hermanos Fesser, uno a la dirección y ambos al guion son los que firmaban esta fantasía de humor que no dejó a absolutamente nadie indiferente.

Así que sube a nuestra nave “desplazable aerodinámica Topolino Cupé XT3” y hemos viaja en el tiempo y en el espacio junto a nosotros, los inimitables Champi, Domingo y el que escribe estas letras, vuestro gordopilo favorito Pablo. Y no os despistéis que esta noche toca Tralarí Tralarí Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals

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