Hubo una España, no tan lejana, en el que los hombres iban a trabajar y las mujeres se quedaban en casa. Las madres limpiaban y cuidaban a los hijos, pero los padres tenían la autoridad sobre toda la familia. Y si les querían meter dos hostias a sus hijos, se las metían.

Los hombres tenían el derecho a descansar, a salir por ahí… y las mujeres ni se lo planteaban. “La mujer volvió a un estado de sumisión al marido y de obediencia muy similar al que se vivió en la Edad Moderna en España: sumisión, recato, obediencia y sacrificio”, explica la escritora Ana Santos.

Más información:

Una placa en mi pueblo (De eso no habla), sobre las 11 de Basauri. 

Consuelo y Dolores (De eso no se habla), sobre el Patronato de Protección a la Mujer. 

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