Confía en Dios en todo

Isaías 26:3-4

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos.”

Vivimos en un tiempo donde abundan las malas noticias, la incertidumbre y el temor. Muchas personas buscan paz en el dinero, en el éxito o en las personas, pero tarde o temprano descubren que todo eso es temporal. La verdadera paz solo se encuentra cuando nuestra confianza está puesta en Dios.

El profeta Isaías nos revela un secreto extraordinario: Dios guarda en completa paz a quienes confían en Él. No dice que estarán libres de problemas, sino que, aun en medio de la tormenta, tendrán una paz que el mundo no puede ofrecer.

Confiar en Dios significa creer que Él tiene el control cuando nosotros lo hemos perdido. Significa descansar en su fidelidad cuando no entendemos lo que está sucediendo. Dios nunca deja de ser bueno, nunca pierde el control y jamás abandona a los que esperan en Él.

A lo largo del Antiguo Testamento vemos esta verdad. Abraham confió en la promesa de Dios y recibió al hijo prometido. Moisés confió en Dios frente al mar Rojo y vio abrirse el camino. David confió en el Señor frente a Goliat y obtuvo la victoria. Todos ellos enfrentaron circunstancias imposibles, pero descubrieron que Dios nunca falla.

Esa misma confianza encuentra su plenitud en Jesucristo. Él vino para reconciliarnos con Dios mediante su muerte y resurrección. La mayor necesidad del ser humano no es solo que cambien sus circunstancias, sino que su corazón sea transformado por el Salvador.

Hoy quizá cargas una preocupación que parece demasiado grande. Dios te dice: “Confía en mí.” Él puede darte paz en medio de la prueba, esperanza en medio del dolor y salvación para la vida eterna.

Llamado:

Si todavía no has entregado tu vida a Jesucristo, hoy es el día de confiar plenamente en Él. Arrepiéntete de tus pecados, recibe su perdón y permite que Él sea el Señor de tu vida. La paz que tanto buscas comienza cuando Cristo gobierna tu corazón.

Oremos:

“Padre celestial, hoy decido confiar en Ti. Reconozco que necesito a Jesucristo como mi Salvador. Perdona mis pecados, llena mi corazón de tu paz y ayúdame a depender de Ti cada día. En el nombre de Jesús. Amén.”

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