A los 15 años, Nicolás Mejía vivió la quiebra de su familia y el estrés terminó afectando profundamente su salud. Perdió el pelo, enfrentó problemas gastrointestinales y aprendió, demasiado pronto, el peso de crecer en medio de la incertidumbre.
En este episodio de Tenemos que Hablar, conversamos sobre salud mental, resiliencia, liderazgo y las huellas que las crisis familiares dejan en nuestra vida adulta.
Este episodio fue posible gracias a la Fundación Un Hobby Para Dar.
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