La llegada de su abuelo desde Polonia a Santa Marta sembró una raíz muy fuerte para Allan Kassim en ese territorio, al que muchos años después llegaría para quedarse. Sin embargo, su camino no fue lineal. Se formó como antropólogo en Estados Unidos, pero terminó huyendo de la paranoia post-Torres Gemelas para refugiarse en el mundo empresarial de Bogotá, al que pertenecía su familia y la mayoría de sus amistades. Atrapado en la inercia del mundo corporativo, Allan sintió pronto el agotamiento de un universo que no terminaba de convencerlo.

Fue entonces cuando un par de viajes al Caribe abrieron una grieta en su realidad; una ventana hacia el saber ancestral y la riqueza indígena que reconfiguró sus planes. En 2013, cuando Palomino era un lugar desconocido y ajeno al turismo, Allan decidió enfrentar el riesgo, refugiarse en la naturaleza y darle forma al lugar que lo abrazaría no solo a él, sino a su familia. 13 años después, junto a su esposa y su hijo, no solo habita las bondades de un territorio mágico, sino que opera como custodio consciente de una reserva natural. Una conversación profunda sobre la renuncia, el peso de la herencia y el poder de un lugar que transforma la mirada de todo aquel que se atreve a descubrirlo.

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