Episodio 365. Manuel Teodoro nació en New Orleans, hijo de un papá filipino y una mamá colombiana que lo tuvieron a los 18 años. Creció en Manila. A los 14, sus papás se divorciaron de manera violenta y su papá se llevó a sus dos hermanos. Ese día quedó abierta una herida de abandono que iba a dirigir las siguientes tres décadas de su vida. A los 16 llegaron la marihuana y el alcohol, y funcionaron. Después vino una vida entera buscando dónde quedarse: un colegio militar, la marina, el teatro, la odontología, dar clases de español, hasta que encontró el periodismo. Creó Séptimo Día, formó decenas de reporteros y le enseñó a un país a mirar lo que se esconde. Mientras escondía lo suyo. No pudo ver nacer a su hija mayor porque estaba borracho. Recayó más de quince veces. El 21 de diciembre de 2007 se internó en Fundacreser y entendió las dos cosas que le salvaron la vida: que el daño no lo había causado él, y que curarse era su responsabilidad de todas maneras. Esta conversación no es sobre alcoholismo. Es sobre la distancia entre tener razón y sanar. Sobre lo que hace un hombre cuando le toca criar al niño que fue. Sobre cómo un escéptico profesional termina orando todas las mañanas. Y sobre por qué el hombre con la herida de abandono fue, cuarenta años después, el que decidió irse. Si llevas años cargando algo que no pediste, este episodio es para ti. Cambia cómo ves. Todo lo demás sigue.
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