El secuestro de Enrique Castro, Quini, delantero del FC Barcelona y máximo goleador de la Liga en 1981, acabó convirtiéndose en un episodio mucho más largo de lo que todos habían imaginado. Mientras su familia, el club y la policía aguardaban una pronta resolución, los secuestradores fueron retrasando el desenlace. Aunque el dinero exigido para el rescate ya estaba preparado, el temor de los captores a caer en una emboscada y su creciente desconfianza hicieron que las conversaciones se prolongaran durante cerca de tres semanas. Tras una brillante operación policial en Ginebra, donde les secuestradores querían cobrar los 100 millones de pesetas del rescate, el delantero fue liberado del zulo donde estaba retenido, en el interior de taller mecánico de Zaragoza.
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