¿Y si la persona que te lastimó ya salió de tu vida, pero todavía sigue tomando decisiones por ti?
Después de una traición, una mentira o un abandono, es fácil decir: «Nunca más voy a confiar en nadie».
Y creemos que estamos protegiéndonos, cuando en realidad podríamos estar construyendo una prisión alrededor de nuestro corazón.
Pero Pablo nos recuerda algo extraordinario:
«Pero el Señor es fiel; él los fortalecerá y los protegerá del maligno». 2 Tesalonicenses 3:3 NTV
Ese «pero» lo cambia todo.
Las personas pueden fallarte, pero Dios sigue siendo fiel.
Quizá alguien no supo cuidar tu confianza, pero no permitas que esa experiencia destruya tu capacidad de amar.
Aprende a poner límites, pero no levantes murallas.
Perdona, pero recuerda que perdonar no significa devolver automáticamente la confianza.
Y, sobre todo, no castigues a personas nuevas por heridas que otras personas provocaron.
No todas las personas merecen tu confianza, pero ninguna decepción merece quedarse con tu capacidad de confiar.
Hoy quiero preguntarte:
¿Estás tomando decisiones desde la sabiduría o desde una herida que todavía no ha sanado?
Dios puede enseñarte a tener un corazón sensible sin ser ingenuo, firme sin ser frío y dispuesto a amar sin permitir el maltrato.
Que lo que alguien te hizo no determine en quién te convertirás.
📖 Lecturas:
Jeremías 26:1–27:22
2 Tesalonicenses 3:1–18
Salmo 85:1–13
Proverbios 25:16
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