Durante siglos la curiosidad por la conformación interna del cuerpo humano fue una preocupación de los estudiosos más renombrados entre los que se encuentra Leonardo Da Vinci. La necesidad por contar con cadáveres para disección llevó a oscuras prácticas que tendrán su peor exponente en el SXIX cuando la profesión de Resurreccionista sea una de las profesiones más rentables de la época. Ellos no eran más que ladrones de cadáveres
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