La adoración se invalida y se vuelve un olor desagradable ante el trono de Dios si no estamos a cuentas con nuestros hermanos. La adoración fingida es una abominación para Él, tal como señala Amós 5:21-23: «Aborrezco, desprecio sus fiestas, tampoco me agradan sus asambleas solemnes... Aparten de mí el ruido de sus cánticos...Ante cada conflicto que surge en la iglesia como producto de nuestro pecado e idolatría, tenemos en Cristo la oportunidad de restaurarnos mutuamente para, de este modo, ser embellecidos y fortalecidos como comunidad por la gracia del Señor.Predicador: Pastor Alejandro LaraTexto base: Mateo 5:21-26
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