El director de 'Airbag' reivindica la libertad creativa en esRadio frente a la censura ideológica y la uniformidad de las plataformas.
En este episodio de esRadio, Juanma González y Dani Palacios reciben al aclamado cineasta vitoriano Juanma Bajo Ulloa en una charla que destila amor por el séptimo arte y una ácida crítica a la deriva ideológica de la industria actual. El programa arranca con una irónica reflexión sobre las subvenciones estatales al cine, evidenciando cómo el sistema imperante premia la docilidad ideológica y los perfiles normativos en detrimento del verdadero talento independiente. Este contexto sirve como marco idóneo para analizar la trayectoria de un director que siempre se ha negado a someter su visión artística a los dictados del poder político y cultural.
El motivo principal del encuentro es el lanzamiento por parte de la distribuidora de las cuidadas ediciones en formato Blu-ray de sus dos primeras y laureadas películas, Alas de mariposa y La madre muerta. Bajo Ulloa defiende un cine con alma, concebido como una experiencia terapéutica y personal que busca remover los sentimientos del espectador. El realizador critica duramente la uniformidad del pensamiento único que impera en las producciones contemporáneas de plataformas de streaming como Netflix, las cuales, a su juicio, entregan productos planos y masticados que anulan la capacidad de interpretación del público a través de predecibles manuales de instrucciones morales.
La conversación se detiene detalladamente en su último trabajo, El mal, una obra que ha logrado mantenerse en cartelera durante meses en salas independientes como el Pequeño Cine Estudio de Madrid gracias al boca a boca y al empeño de su autor por conectar con la audiencia.
El cineasta se muestra implacable al analizar el secuestro de la cultura por parte de la corrección política y las directrices de la Agenda 2030. Denuncia que el actual cine de subvención no busca la belleza ni la catarsis, sino la propaganda y el cumplimiento de cuotas ideológicas que promueven el sectarismo y el victimismo. Esta censura sutil pero implacable ha provocado que incluso el cine familiar se vea colonizado por consignas políticas, privando a las nuevas generaciones de una fantasía en libertad y de historias que desafíen su intelecto en lugar de adormecerlo.
Al rememorar el arrollador éxito de Airbag, su película más taquillera, Bajo Ulloa destapa las miserias de una industria que nunca le perdonó aquel triunfo incontestable. Revela que el proyecto pudo salir adelante al margen del sistema tradicional de financiación gracias al mecenazgo de pelotaris y cocineros vascos, lo que le garantizó una absoluta libertad creativa. La respuesta de las élites culturales y la prensa de izquierdas ante este éxito popular fue el vacío y el ninguneo, demostrando que en el panorama cultural se castiga con saña a quien se atreve a triunfar sin pasar por el aro de los comisarios políticos de turno.
Fiel a su estilo, el director detalla los elementos que configuran su universo visual, caracterizado por un tono gótico y atemporal donde evita conscientemente la tecnología moderna para construir verdaderas fábulas cinematográficas. Analiza la maestría de su planificación en escenas míticas de La madre muerta, donde el suspense, el humor negro y la sordidez se entrelazan de manera magistral. Reivindica la importancia de la composición formal y el montaje frente a la desidia técnica de las realizaciones actuales, asegurando que cada plano debe poseer una función expresiva única que atrape la mirada del espectador.
La entrevista concluye con una interesante comparación entre el cine de Bajo Ulloa y el aclamado cine coreano contemporáneo de directores como Park Chan-wook, creador de Oldboy, destacando la asombrosa afinidad que comparten en el uso del suspense mezclado con la tragedia y el humor salvaje. El broche de oro musical lo pone el videoclip de la canción Problemas de la mítica banda de rock Barricada, dirigido en su día por el propio Bajo Ulloa. En un emotivo tramo final, el cineasta asume con orgullo el elevado peaje de su coherencia artística, prefiriendo la marginación del sistema antes que renunciar a su libertad, recordándonos que el verdadero arte siempre será indomable y ajeno a los dictados de cualquier ingeniería social de corte estatal.