Santa Mónica rezó durante años por San Agustín. No solamente para que recibiera los sacramentos, sino para que abandonara una vida frívola y encontrara en Jesucristo la verdad y la felicidad que buscaba por tantos caminos. Al final pudo mirar a su hijo convertido y decir: «Dios me lo ha concedido con creces». Hoy queremos aprender de ella a rezar sin cansarnos y a no vivir indiferentes ante el dolor ajeno, especialmente ante quienes están sufriendo las consecuencias del terremoto en Colombia. Podemos llevarlos con nosotros ante el altar del Señor.
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