Probar una agresión sexual cometida mediante sumisión química es especialmente complejo. Las sustancias utilizadas para anular o alterar la voluntad de la víctima suelen desaparecer del organismo en pocas horas, lo que dificulta obtener pruebas toxicológicas concluyentes.

A lo largo de este episodio escuchamos a Violeta García, psicóloga especializada en el acompañamiento a víctimas de violencia sexual, y a Laia Serra, abogada penalista con más de quince años de experiencia en este ámbito, que ayudan a entender las consecuencias y los desafíos que plantean estos casos.

Laia Serra explica que la ausencia de una prueba toxicológica positiva no impide necesariamente demostrar una agresión sexual. Las investigaciones suelen apoyarse en un conjunto de indicios: el tipo de recuerdos que conserva la víctima, testimonios de personas de su entorno, grabaciones de cámaras de seguridad o evidencias que permitan acreditar que se encontraba en un estado incompatible con un consentimiento libre. Cuando falta la prueba central, señala la jurista, el reto consiste en reconstruir el puzzle con todas las piezas disponibles para demostrar que la agresión ocurrió.

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