El fin de semana no tuvo Fórmula 1, pero dejó dos grandes historias para el automovilismo. Alex Palou se proclamó campeón de la IndyCar por quinta vez en seis años y Sami Pajari ganó un Rally de Paraguay demoledor que ha comprimido el Mundial de Rallies cuando ya parecía que Elfyn Evans podía empezar a controlarlo.

Lo de Palou, estratosférico.

Lo de Palou ya no admite demasiados matices. Es una leyenda de la Indy. Cinco campeonatos en seis temporadas es una cifra histórica, y más aún en una categoría tan igualada, con óvalos, ruteros, urbanos, neutralizaciones, estrategias cruzadas y carreras donde un pequeño error puede arruinarlo todo.

El catalán no cerró el título con un fin de semana brillante en Milwaukee.

De hecho, las dos carreras no le fueron especialmente bien pese a sus buenas clasificaciones. Pero ahí está precisamente una parte importante de su grandeza: Palou no necesitaba ganar, necesitaba hacer lo justo, con cabeza, y eso fue lo que hizo.

Su control emocional volvió a ser impresionante.

En un óvalo corto, con tráfico, tensión y muchos riesgos alrededor, eligió no entrar en batallas innecesarias. No forzó más de la cuenta. No se dejó arrastrar por la ansiedad de cerrar el campeonato con una victoria. Calculó, midió y consiguió exactamente lo que necesitaba.

Ese tipo de pilotaje no siempre es el más espectacular, pero sí es el que gana campeonatos. Y Palou, con este, ya lleva cinco.

El espectáculo, a esperarlo en Laguna Seca.

El título llega antes de la última carrera de la temporada, que se disputará en Laguna Seca, uno de sus circuitos favoritos. Allí buscará cerrar el año con una séptima victoria, pero ya sin la presión del campeonato. La misión principal está cumplida.

En Monterrey, ya sin nada que perder, seguro que va a por todas y nos da un gran espectáculo.

El otro protagonista.

También hubo otro gran nombre en Milwaukee: Pato O’Ward. El mexicano ganó las dos carreras, celebradas el mismo día después de que la lluvia obligara a suspender la primera.

Lograr dos victorias en una misma jornada es una gesta que no se veía desde 1981, y confirma el enorme nivel de O’Ward cuando todo encaja.

Pero la imagen del campeonato es Palou. Un piloto que ha convertido la regularidad en dominio, la inteligencia en una herramienta de ataque y la frialdad en una forma de grandeza.

En España no siempre se le da la dimensión que merece, quizá porque compite lejos del foco habitual de la Fórmula 1. Pero ahora mismo no hay discusión posible: es el mejor piloto español de la actualidad.

Y mientras, en Paraguay…

Mientras la Indy coronaba a Palou, el WRC vivía en Paraguay una de esas pruebas que explican por qué los rallies siguen siendo una disciplina única.

El rally fue una trituradora de coches y pilotos. Hubo accidentes, problemas con los neumáticos, cambios constantes, imágenes espectaculares y una sensación permanente de montaña rusa.

Entre los grandes, el que mejor sobrevivió fue Sami Pajari. El finlandés logró su tercera victoria consecutiva y firmó un dato histórico: nunca antes un piloto había conseguido sus tres primeros triunfos en el Mundial de forma consecutiva.

La victoria cambia por completo el tono del campeonato: Pajari llegaba a Paraguay a 30 puntos de Evans y sale a sólo 20, con tres rallies todavía por disputar. El Mundial, que parecía empezar a inclinarse hacia el galés, vuelve a abrirse de manera clara.

Evans, líder, pero presionado.

Evans sigue líder, pero ya no puede limitarse a administrar.

Paraguay le recordó que la regularidad no siempre basta cuando un rival entra en una dinámica ganadora. Pajari no sólo está sumando; está ganando. Y ganar cambia la presión de sitio.

El rally también dejó la sensación de que Toyota tiene un problema tan cómodo como difícil de gestionar: varios pilotos con capacidad para influir en la pelea por el título.

Ogier, Solberg, Katsuta y el propio Pajari forman parte de un ecosistema donde cada rally puede alterar equilibrios internos y externos.

Hyundai, mientras tanto, necesita aprovechar cualquier oportunidad para interferir, pero Paraguay volvió a demostrar lo difícil que es sostenerse al nivel de Toyota durante todo un fin de semana.

La prueba sudamericana, además, dejó imágenes memorables. Fue dura, imprevisible y exigente. Justo lo que se espera de un rally que puede marcar la fase final del campeonato. Paraguay no fue una simple incorporación al calendario: se convirtió en una prueba con peso real en el Mundial.

El automovilismo vivió así un fin de semana sin Fórmula 1, pero lleno de contenido. El WRC y la IndyCar nos recordaron algo que a veces se olvida: el motor no se acaba en la F1.

Me atrevería a decir que, a veces, incluso, sus mejores historias están fuera de ella.

© Foto: Indycar.com Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals

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