El mito de la Baliza V16 japonesa para motos: el bazar de las tonterías
Recientemente ha corrido como la pólvora en redes sociales un supuesto "invento revolucionario": una baliza de preseñalización al estilo de nuestra polémica V16, diseñada supuestamente en Japón y adaptada con un soporte universal magnético y de pinza para motocicletas.
La realidad, analizada bajo el microscopio técnico es mucho más prosaica:
«Eso no es más que una linternita con adaptador de bazar que un genio ha transformado en noticia de internet. Ni es un elemento de preseñalización, ni tiene homologación, ni aporta nada a la seguridad vial. Es un accesorio estético de chufla, como los cuernos de reno que la gente le cuelga a los coches en Navidad».
La comparación sirve para recordar que la verdadera V16 en España nació de un despropósito normativo. A pesar de contar con la consolidada homologación europea R65 (que ampara luces de emergencia de alta visibilidad y calidad), la administración española decidió crear una regulación nacional aislada. El resultado ha sido un sistema de balizas cuya implantación técnica y de conectividad sigue arrastrando lagunas de seguridad y de visibilidad que dificultan la protección real del conductor en caso de avería.
Conducir en Tokio: 40 millones de personas y un silencio sepulcral
Si algo sorprende al bajarse del avión en el área metropolitana de Tokio —un coloso urbano que concentra a casi 40 millones de habitantes, una población similar a la de toda España— es la ausencia de ruido. Al contrario que en las grandes urbes españolas, donde el atasco se acompaña de una banda sonora de bocinazos, acelerones e insultos, el asfalto japonés destaca por su calma y orden.
En Japón, las normas no son sugerencias; se respetan a rajatabla. Alberto de la Torre lo experimentó en primera persona al alquilar un keicar (los icónicos coches ultracompactos japoneses de bajas emisiones) cerca del mítico Monte Fuji:
«Estuve conduciendo y es increíble la cultura del automóvil que tienen. Ves a señores de más de 70 años conduciendo clásicos o deportivos con guantes de cuero blanco. Pero lo más impactante es el civismo: nadie pita, la gente deja distancias de seguridad holgadas y, si alguien se equivoca, los demás cooperan».
De la Torre relató una anécdota que en España habría acabado en conflicto: por la inercia de conducir por la derecha, llegó a meterse sin querer en sentido contrario (en Japón se conduce por la izquierda). ¿La reacción de los conductores nipones? Ninguna señal de agresividad. Al dar por sentado que se trataba de un error humano involuntario, detuvieron sus vehículos con total respeto, le cedieron el espacio suficiente y esperaron pacientemente a que subsanara la maniobra. En España, ese mismo despiste habría provocado una tormenta de bocinazos, agresiones verbales y situaciones de riesgo extremo.
Del "Tren Bala" al "Tren Burrilla": la obsesión por las tolerancias mecánicas
El contraste cívico se traslada directamente a las vías del tren. Quien viaja a Japón y utiliza el ferrocarril de alta velocidad descubre una precisión que parece de ciencia ficción para un usuario español habitual.
Mientras en Valladolid o Madrid celebramos frecuencias de tren cada hora y media como un auténtico privilegio de conectividad, en el país del sol naciente la alta velocidad funciona con la dinámica del metro:
Frecuencias constantes: Los trenes bala llegan al andén, detienen su marcha exactamente 2 minutos para la subida de pasajeros y parten con puntualidad de milisegundos. A los 3 minutos, otro convoy repite la operación en el mismo andén.
Tolerancia cero a las vibraciones: El viaje en el Shinkansen es de una suavidad absoluta, carente de ruidos, traqueteos o balanceos gracias a un mantenimiento predictivo y a un diseño de tolerancias mecánicas que roza la perfección.
La contrapartida la sufrimos a diario en España con el bautizado con ironía como «Tren Burrilla». Los nuevos trenes de ancho variable, por ejemplo, han protagonizado un rosario de incidencias técnicas, retrasos crónicos y vibraciones tan intensas que, como bromea el propio Lagunar, «parece que vas en una sesión de fisioterapia constante en lugar de en un transporte de alta velocidad». La diferencia no es tecnológica; es una cuestión de rigor, de tolerancias industriales y de mantenimiento predictivo.
La tolerancia social: ¿nos hemos vuelto demasiado dóciles?
El debate concluye con una profunda reflexión sobre la conciencia y la respuesta de la ciudadanía ante el declive de los servicios que financia con sus impuestos. En Japón existe una baja tolerancia social al error del sistema, pero el ciudadano canaliza su civismo cumpliendo escrupulosamente con el orden establecido. En Europa, la respuesta es dispar: mientras los vecinos franceses paralizan el país con protestas (como los chalecos amarillos) cuando sienten que sus derechos son vulnerados, en España parece haberse instalado una preocupante pasividad.
Tras la crisis de la pandemia y las restricciones de movilidad, la sociedad española parece haber desarrollado una tolerancia alarmante al deterioro de las carreteras, a los retrasos del transporte ferroviario y a la ineficacia de ciertas normativas de seguridad vial. En Auto FM creemos firmemente que la seguridad vial no se construye únicamente dictando leyes desde un despacho oficial o recaudando multas; requiere un compromiso cívico de respeto mutuo en el asfalto, una administración corresponsable y una exigencia firme por parte de los ciudadanos para que las infraestructuras que pagamos entre todos estén a la altura de la vida que deben proteger.
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